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La Eucaristía y el Padre Torres – Preparándonos a Corpus Christi

Reflexión sobre la EUCARISTÍA

siguiendo las ENSEÑANZASqueeslaeucaristia4

del PADRE TORRES 

“El horario que mandé a Mendoza para añadirá a la fiesta de bodas de plata consistía en hacer todas las cosas de la fiesta sin perder el mérito espiritual que consiste en el fundamento y recta intención; en practicar algunas mortificaciones que humillen y en repartir abundante pan a las familias pobres elegidas por la Sra Dominga que conoce todo, y si fuese posible, también algunos generitos para ropa” (Padre torres, manuscritos, C. 6, Nº 8)

Una de las enseñanzas del padre Torres de las que nosotros debemos aprender es la de hacer las cosas con pureza de corazón y recta intención, de vivir nuestra vida cristiana de verdad, no de forma puramente exterior, como si fuese un teatro, sino desde el corazón, buscando en todo la voluntad de Dios y cumpliéndola de manera creativa.

El padre torres, como sabemos, era un hombre que oraba mucho, era muy devoto de la Eucaristía y de Nuestra Madre de la Merced. Quería que la celebración de la Misa estuviera bien preparada. Y eso no quería decir simplemente que pusiéramos cosas, adornos, música, etc, sino que todo lo hiciéramos desde lo profundo del corazón para que nos vayamos transformando desde dentro por el encuentro con Jesús. Por ejemplo, si había flores en el templo, que fuesen una expresión de amor verdadero a Jesús y a María, expresión de flores espirituales.

Una vez dejó a las hermanas una notita cuando estaban preparando una Misa especial en Mendoza y les recordó que todo lo que habían organizado y que él les había mandado hacer, era para que no “perdieran el mérito espiritual” de la celebración. En ese mensaje cortito había algunas cosas muy importantes que nosotros, sus hijos espirituales, tenemos que vivir también:

  • Fundamento y recta intención.
  • Sacrificio y servicio humilde.
  • Caridad especial con los pobres, brindándoles alimento y ropa, interesándonos por quiénes son los que realmente necesitan.
  • No perder el mérito espiritual

 

  • Fundamento y recta intención.

 

Las actividades con las que preparamos la celebración de la Eucaristía, nos tiene que centrar en lo fundamental que es Jesús mismo, encontrarnos con él en cada detalle con el que le manifestamos nuestro amor. Preguntémonos entonces ¿cómo vivir y celebrar nuestra fe conservando “recta intención”?. Debemos agradecer al Señor de todo corazón por todas las bendiciones que nos da hoy, las que nos ha ido regalando en estos días, de proclamar en comunidad nuestra fe y gratitud al Señor, de manifestarle nuestro amor, porque él nos amó primero, y disponernos a recibir de Él todas las gracias y encargos que nos quiera dar. Abrir con generosidad nuestro corazón a él porque en los momentos especiales tiene Palabras especiales para nosotros, que debemos escuchar con atención y que nos dan una misión siempre muy concreta. Así podemos recibir con confianza la fuerza de su Espíritu que nos ayudará a cumplir con valentía la Misión.

José León Torres vivía así cada Eucaristía. En las pequeñas cosas y en las grandes estaba dispuesto a escuchar y obedecer a Dios. Por eso es que, cuando en la Misa de un 10 de mayo de 1887 Dios le dio la “idea” de fundar una congregación de Hermanas Mercedarias, él en seguida de terminar la Celebración se puso a hacer todo lo que podía para hacer realidad eso que Dios quería. Y como confiaba totalmente en la Gracia de Dios pudo vencer todas las dificultades que tenía por delante en su Misión.

 

  • Sacrificio y servicio humilde.

Porque la palabra de Dios nos dice “tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús… que no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario,  se humilló tomando la condición de servidor y actuando como un hombre cualquiera se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”. Jesús nos dijo «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud». Y en la Última Cena nos dijo: “Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”.

Cuando trabajamos juntos en la comunidad debemos ser como Jesús: humildemente ofrecernos para ayudar a los demás por amor, no buscar ser más que los demás, sino servir en todo lo que podamos a nuestros hermanos.

Viviendo así, encontramos la felicidad de Dios y podemos hacer fiesta en la Eucaristía.

  • Caridad especial con los pobres, brindándoles alimento y ropa, interesándonos por quiénes son los que realmente necesitan.

El padre Torres recomendó repartir “abundante pan a las familias pobres” y ayudarles también con ropa. Esto forma parte de la fiesta de la Eucaristía. Porque la caridad no puede ser simplemente de palabra y hacia Dios. El amor a los hermanos es el modo en que podemos demostrar nuestro amor a Dios.

Jesús nos necesita en los pobres. Allí es como se mide nuestro amor a Dios, que es condición para entrar a la Vida Eterna. Si hemos amado así a Jesús, Él nos dirá al final de nuestra vida: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver… Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron” (Cfr. Mt. 25, 34-46). Y esto, además, debe hacerse, no simplemente por cumplir, sino conociendo e interesándonos de verdad por a la gente a la que ayudamos.

Así es como podemos vivir una fiesta de la fe, sin “perder el mérito espiritual”, como decía el padre Torres. Porque así  aprovechamos la oportunidad de amar que Dios nos da. Amar a Dios y amar al prójimo como a nosotros mismos, y más aún, como Jesús nos ha amado.

H. Paula

 

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